Artículos: Movimientos sociales: la crisis, la calle y las políticas de Estado
"Movimientos sociales: la crisis, la calle y las políticas de Estado"
Para Suplemento de Economía del Diario La Capital, 19 de mayo de 2013.
Coautoría con Sofía Alberti.
La década K / Cuando asumió hace diez años, Kirchner recogió parte de las consignas de las protestas de 2001. Su rol dividió aguas en las organizaciones.
Varias veces se planteó que la Argentina tiene una vorágine política impensable en otras latitudes. Diez años en una línea histórica suele representar lo que un segundo en la dimensión temporal del país. Pero como la historia no es lineal y los hechos reflejan procesos que los anteceden y continúan, la última década argentina fue una bisagra. La era K, iniciada por el mandato de Néstor Kirchner y continuada por Cristina Fernández, generó una marca que se manifestó en fracturas, en nuevas organizaciones, en peleas irreconciliables e inimaginables alianzas. Pero sobre todo, en una tensión permanente de las prácticas en disputa y del debate político, que obligó a generar las armas necesarias para defender el proyecto, o para criticarlo. Para analizar desde la óptica de los movimientos populares la mella que imprimió el kirchnerismo, distintos representantes de diversas organizaciones analizaron esta última década, entre ellos: Gustavo Brufman, secretario de Derechos Humanos de la CTA Rosario —central obrera que incorporó orgánicamente a los movimientos populares desde inicios de los 90—; Eduardo Delmonte, referente de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), organización de desocupados con casi 20 años de trayecto; Eduardo Toniolli, líder del Movimiento Evita, espacio orgánico del Frente para la Victoria (FPV), partido por el cual es diputado provincial y Juan Monteverde, referente del Movimiento Giros y candidato a concejal por el Partido Ciudad Futura (PCF).
Para Suplemento de Economía del Diario La Capital, 19 de mayo de 2013.
Coautoría con Sofía Alberti.
La década K / Cuando asumió hace diez años, Kirchner recogió parte de las consignas de las protestas de 2001. Su rol dividió aguas en las organizaciones.
Varias veces se planteó que la Argentina tiene una vorágine política impensable en otras latitudes. Diez años en una línea histórica suele representar lo que un segundo en la dimensión temporal del país. Pero como la historia no es lineal y los hechos reflejan procesos que los anteceden y continúan, la última década argentina fue una bisagra. La era K, iniciada por el mandato de Néstor Kirchner y continuada por Cristina Fernández, generó una marca que se manifestó en fracturas, en nuevas organizaciones, en peleas irreconciliables e inimaginables alianzas. Pero sobre todo, en una tensión permanente de las prácticas en disputa y del debate político, que obligó a generar las armas necesarias para defender el proyecto, o para criticarlo. Para analizar desde la óptica de los movimientos populares la mella que imprimió el kirchnerismo, distintos representantes de diversas organizaciones analizaron esta última década, entre ellos: Gustavo Brufman, secretario de Derechos Humanos de la CTA Rosario —central obrera que incorporó orgánicamente a los movimientos populares desde inicios de los 90—; Eduardo Delmonte, referente de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), organización de desocupados con casi 20 años de trayecto; Eduardo Toniolli, líder del Movimiento Evita, espacio orgánico del Frente para la Victoria (FPV), partido por el cual es diputado provincial y Juan Monteverde, referente del Movimiento Giros y candidato a concejal por el Partido Ciudad Futura (PCF).

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